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"Una visión personal sobre la Didáctica de la Astronomía" Revista Educación
en Ciencias, Vol. IV. N°10, enero-abril 2001, Buenos Aires,
Argentina, pp. 15-28.
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Complejo
Educativo y Recreativo "Plaza del Cielo", un lugar para Aprender
y Jugar con la Astronomía.
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Autor-Director:
Néstor Camino - Esquel -
Chubut - Argentina - Consultas
- Ayuda del Sitio
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A MODO DE INTRODUCCIÓN Cuando uno tiene la posibilidad de escribir sobre sus experiencias en el ámbito educativo, y mucho más si las mismas tienen un carácter de búsqueda para mejorar la práctica docente real a través de un proceso de investigación, es importante tener en claro quiénes serán los lectores y cuáles son sus intereses. A veces uno tiene ganas (o “necesidad académica”) de publicar un trabajo de neto corte investigativo, otras veces las ganas son de escribir como si estuviéramos contándole a un colega amigo parte de nuestra historia reciente; ambas formas son válidas y tienen su riqueza, pero los estilos y detalles son muy distintos. Las personas con quienes compartí aquella charla
sobre Didáctica de la Astronomía en las “Primeras
Jornadas sobre la Enseñanza de las Ciencias Experimentales y
la Matemática”, de la UNGSM, claramente fueron colegas
preocupados por mejorar su práctica docente y por conocer un
campo de investigación poco explorado, evidenciado esto a través
del intercambio surgido en las preguntas, los comentarios y los ejemplos
dados durante la misma. Así, mis ganas actuales son las de escribir
como si fuera una carta dirigida a un amigo lejano que trabaja en algo
parecido a lo mío y con quien es posible compartir lo que nos
pasa. Así, cuando lean esto comprendan que la visión personal a que se refiere el título está determinada por las decisiones de vida de una persona, de un educador, de un investigador, en ese orden, más que por las muchas variantes que la formación académica y las corrientes de investigación educativa puedan brindar y que uno pueda elegir y esforzarse en desarrollar. Lo que en consecuencia debemos considerar es que todas nuestras acciones educativas, en especial cuando nos dedicamos a generar didácticas específicas, estarán teñidas por esas decisiones, que es eso lo que estamos brindando a nuestros chicos y a nuestros colegas, y que en definitiva es lo que hace a nuestra identidad. Lo que sigue, entonces, no debe ser considerado de ningún modo como un “deber ser” en la enseñanza de la Astronomía, ni nada cercano a eso; muy por el contrario, es una de las tantas posibilidades de hacer educación a través de la Astronomía, con una cierta ideología y con muchas ganas, nada más. Con este espíritu es que deseo compartir con ustedes nuestro trabajo de los últimos años.
En el gran ámbito de las Ciencias Naturales, la Astronomía quizás sea aquella disciplina con mayor poder de integración. No sólo es la ciencia que estudia el Universo sino que en sí misma es universal, y esto referido no sólo al mundo natural, sino fundamentalmente a las muchas manifestaciones del quehacer del Hombre a través de la Historia. Tanto como es difícil encontrar una persona que no se emocione, se interese o se conmueva con la experiencia de contemplar el cielo, así también es difícil encontrar alguna cosmovisión en la historia de la Humanidad que no esté relacionada de alguna manera con los objetos y procesos celestes. En este sentido tan amplio, me gusta pensar en la Astronomía como un eje múltiple, a la vez epistemológico, conceptual y cultural, a través del cual poder analizar, y a veces tener la ilusión de quizás también comprender, algunos procesos físicos y humanos desde el Big Bang hasta hoy día. La misma convicción tengo con respecto a la Didáctica, en el gran ámbito de la Educación, y en el aún más amplio de las Ciencias Sociales. No me interesa discutir si es una ciencia, una disciplina, un conjunto de técnicas, un área, o si pertenece a otra rama de alguna extraña taxonomía; lo que me interesa para mi práctica docente y para este escrito es que la Didáctica es la vía de acceso con la persona que se educa, y creo firmemente que la única razón por la que la Educación y los Educadores existimos es porque hay quienes desean y necesitan educarse, y creo también que toda elucubración educativa que no tenga, ya sea en su génesis o en su concreción, como fin último las aulas reales, las personas reales, es de alguna manera inútil y sin valor a largo plazo. Toda didáctica debe diseñarse pensando en la persona, respetando su idiosincrasia y tiempos, identificando el contexto social, cultural y natural al que pertenece, con una concepción de globalidad integrada plenamente, identificando además las muchas variantes según sea el contenido disciplinar particular de aplicación; así, también la Didáctica es universal, en sentido amplio. (Figura 1) Pensar y llevar a la práctica una fusión entre la Astronomía y la Didáctica nos brinda la posibilidad de hacer educación de una manera fructífera, no sólo desde lo personal, sino fundamentalmente en lo que respecta a los chicos y docentes a quienes van dirigidos estos desarrollos. La Didáctica de la Astronomía es, entonces, una herramienta muy poderosa para la construcción del conocimiento, conservando y potenciando ciertos rasgos distintivos de las disciplinas de origen: transversalidad cultural y disciplinar, relación Hombre-Universo, respeto por la persona que aprende, búsqueda de aprendizajes significativos.
FIGURA 1
EL MUNDO NATURAL ES EL AULA DE LA DIDÁCTICA DE LA ASTRONOMÍA Si una de las características fundamentales de la Astronomía es la relación Hombre-Universo, pues bien, hagamos educación a través de la Astronomía poniendo en contacto a los niños con el entorno natural astronómico en el que vivimos. Esta intención tan sencilla de expresar, no lo es tanto a la hora de ir a la práctica, de diseñar una didáctica coherente que además tienda a que quienes aprenden lo hagan en forma significativa. Una consecuencia de esta concepción tan abierta es que los docentes estamos más expuestos que de la manera tradicional, entre otras cosas debido a que el “riesgo” es mucho mayor y el desafío que se nos plantea en cuanto a la sensación de pérdida de autoridad ante una pregunta o hecho observacional no previsto es un motivo de gran presión. Esta sensación de riesgo se produce en particular debido a que con esta forma de pensar ya no son útiles aquellas herramientas, típicas de la enseñanza en Ciencias Naturales en general: la Astronomía de tipo enciclopedista, de datos y fotos fuera de contexto puestos sobre el pizarrón pero que jamás llegan a ser interiorizados por los estudiantes, de fórmulas que quieren reemplazar el mundo físico, o de modelos concretos que no sólo no están hechos a escala sino que si se los pone a funcionar casi nunca permiten reproducir los fenómenos reales, o de fenómenos contados pero nunca vividos, a pesar de que con sólo asomarse afuera se hubieran comprendido mejor muchas de sus características. En síntesis, se pierde la posibilidad de que “el aula” para la enseñanza de la Astronomía sea la misma que para Lengua, Biología e Historia. El aula en la que se vive esta forma de enseñar y aprender a través de la Astronomía es simplemente el mundo exterior, el entorno en el que suceden los fenómenos astronómicos que queremos estudiar. Nada puede reemplazar a la vivencia en carne propia; nada puede reemplazar a la secuencia percepción-observación-registro-datos-etc., uno de los pilares indispensables para cualquier intento de iniciar a los niños en un proceso de aprendizaje de cómo trabajan las ciencias naturales; ningún modelo concreto ni gráfico en el plano del pizarrón puede reemplazar al trabajo al aire libre en el espacio real tridimensional, como tampoco ninguna clase de pocos minutos sobre algún fenómeno astronómico puede reemplazar a las muchas horas, días e incluso meses que lleva observar ese fenómeno y comprenderlo desde la experiencia directa, antes de la formalización conceptual o matemática del mismo. Quiero destacar que esta concepción de la Didáctica de la Astronomía no plantea a priori, por ejemplo, ningún límite a la rigurosidad conceptual ni a las posibilidades de utilización de la matemática para formalizar lo aprendido, sólo las condiciona: antes de la profundización conceptual, del formalismo matemático, de la modelización, del pizarrón y el aula tradicional, los chicos deben haber estado en contacto con los fenómenos naturales. Más aún, luego del contacto con el entorno natural y luego de ya iniciado el tratamiento de aquellas características tradicionales de la enseñanza, es necesario volver al fenómeno natural, y así sucesivamente, en un proceso iterativo: un proceso de sucesivos ciclos fenómeno-formalismo, en el que cada ciclo se enriquece con lo aprendido en el anterior, logrando que en cada oportunidad ni el fenómeno se vive del mismo modo ni el trabajo formal es repetición; este proceso iterativo nunca es un “procedimiento reiterativo”. El siguiente esquema me sirve para mostrarles de qué manera imagino este ir y venir (referencia 1. del apartado Bibliografía).
Pero, ¿cómo se llega a los núcleos conceptuales partiendo de la vivencia directa de cambios en el cielo? Éste es el punto a discutir, en esto radica el objetivo fundamental de la Didáctica de la Astronomía, y es esto lo que convierte a esta disciplina de fusión en un campo nuevo para el desarrollo de investigaciones educativas y de experiencias didácticas originales. Me gusta imaginar este paso utilizando la llamada frontera de construcción conceptual; en las características de esta frontera radica qué enseñanza y qué aprendizaje resultarán de las estrategias implementadas. La frontera de construcción conceptual es como un filtro entre el fenómeno físico y la estructura conceptual construida por una persona, y caracteriza no sólo a quien aprende, sino también a quien enseña, a los contextos, a todo aquello que citaba en la introducción de este escrito. Los sucesivos pasos por la frontera, en el largo y lento proceso que implica la interacción entre el fenómeno y la construcción conceptual, van dejando su sello y su influencia podrá ser recuperada de mucha maneras, en especial investigando el aprendizaje logrado. Los chicos que vivieron estos dos últimos años trabajando con nosotros han cruzado la frontera de construcción conceptual propia de este proceso. Entonces, será posible analizar qué influencia tuvo en ellos el hecho de que esa frontera esté constituida, entre muchas otras cosas, por la Didáctica de la Astronomía que nace de mis convicciones, por la personalidad, formación y convicciones de los docentes en las aulas, por el paisaje patagónico y por una concepción de la educación basada en la teoría del aprendizaje significativo; en especial, es trascendental analizar en qué grado han aprendido, en el contexto de esta frontera particular con la que han tenido que interactuar. Les contaré a continuación cómo fue la experiencia realizada en estos dos últimos años y de qué manera intentamos poner en evidencia qué han aprendido los niños al vivir este proceso. EL DISEÑO DE MATERIALES POTENCIALMENTE SIGNIFICATIVOS Si la intención es que en la frontera de construcción conceptual esté como parte esencial una concepción de aprendizaje significativo, entonces antes de poner la experiencia en funcionamiento es condición necesaria la elaboración de un conjunto de materiales potencialmente significativos, tanto desde la estructura de los conceptos astronómicos propiamente dichos, como desde la psicología de los chicos. La propuesta didáctica general fue organizada a partir de tres ejes de desarrollo conceptual, que pueden describirse como secuencias de actividades y desarrollos conceptuales, pensados para ser trabajados sistemática y gradualmente a lo largo de un proceso de al menos dos o tres años, y en el mejor de los casos durante toda la EGB. Los tres ejes de desarrollo conceptual parten de un observador situado en una determinada posición sobre el planeta Tierra (posición topocéntrica), y tienen en común el trabajo con los conceptos de espacio y tiempo y con las relaciones de simetría existentes en ellos. La secuencia concreta se organizó a través de la observación y el análisis de las “sombras y rayos de luz en un gnomon recto vertical”, de la “evolución de la Luna”, y del “seguimiento de ciertos grupos de estrellas en el cielo nocturno”. Aunque no son independientes, los ejes pueden tratarse por separado a costa de perder algo de su potencial riqueza y profundidad en el aprendizaje. El eje de desarrollo sobre el que elegimos trabajar se inicia en la observación del horizonte, como reconocimiento del paisaje propio, que es lo que determina lo posible de ser observado en el cielo, y gradualmente se van construyendo las relaciones entre el referencial terrestre: Sistema Internacional de Posicionamiento Planetario (longitud, latitud, zonas horarias), y los Sistemas de Referencia Horizontal y Ecuatorial Local, los primeros referenciales espacio-temporales celestes. Utilizamos en este proceso ciertas herramientas didácticas concretas, un gnomon vertical, un globo terráqueo paralelo y un reloj de Sol ecuatorial, concebidos como módulos que materializaban los conceptos trabajados. Los fenómenos que naturalmente se van analizando durante el trabajo son muchos, entre otros el día y la noche, las estaciones, la rotación y traslación terrestres, etc. En concreto, la secuencia de actividades es la siguiente: •
El horizonte: se dibuja el horizonte real y se definen la posición
topocéntrica y el horizonte astronómicos. (FOTO
1) Para asegurar que las actividades constituían un conjunto de materiales potencialmente significativos, tanto desde la Astronomía como desde la Didáctica, cada una de las actividades tiene un esquema conceptual y los esquemas de las sucesivas actividades se van encadenando entre sí; sumado a esto, existen otros esquemas conceptuales con mayor grado de generalidad que engloban a los demás; los mismos sólo fueron utilizados por los docentes. Por otra parte, esta secuencia no es sólo temporal, sino que fundamentalmente es conceptual; es decir, sólo se comienza a trabajar sobre una actividad una vez que estamos seguros de que los chicos han aprendido lo necesario de la anterior actividad, y así sucesivamente, lo que se pone en evidencia al analizar los distintos esquemas conceptuales. El conjunto de actividades no requiere de ninguna condición previa para que los chicos comiencen a trabajar sobre ellas; el hecho de que desde el mismo inicio lo que se hace es comenzar a observar y recién después dibujar, escribir, definir, etc., para luego volver a observar y así sucesivamente, determina que no haya barreras previas, más allá del propio interés de los chicos en trabajar de esta manera, lo que en general ha sido muy satisfactorio.
Durante los años 98-99, varios docentes de siete escuelas de Río Negro, Chubut y Santa Cruz nos dimos el gusto de trabajar en segundo y tercer ciclos de EGB, con el primer eje de desarrollo conceptual. Quienes compartimos este tiempo fuimos Enriqueta Solito y Cristina Terminiello, de la Escuela Hogar N°268, El Bolsón, Río Negro; Paula Myndlis, de la Escuela N°89, Epuyén, Chubut; Nelly Idiart, de la Escuela Experimental El Molino, Trevelin, Chubut; Sabrina Cualino e Inés Irigoyen, de la Escuela Experimental N°1, Esquel, Chubut; Silvia Kloster, Corina Menghini, Irma Castellá e Isabel Villa, de la Escuela De la Costa, Puerto Madryn, Chubut; Francia Barrientos y Nelly Cruz, de la Escuela N°198, Comodoro Rivadavia, Chubut; Sandra Gómez y Maricel Lembo, de la Escuela N°12, Perito Moreno, Santa Cruz. En total, más de seiscientos chicos participaron al menos un año en la experiencia, doscientos de los cuales vivieron el proceso completo de dos años de duración, siendo casi en su totalidad alumnos de sexto y séptimo grados. Los docentes acompañaban a sus alumnos al cambiar de grado, con el fin de que tanto unos como otros vivieran el proceso completo juntos. El diseño y coordinación de la experiencia estuvo a mi cargo, como parte de las acciones del Complejo Plaza del Cielo, Dpto. de Física, Fac. de Ingeniería, U. N. de la Patagonia “San Juan Bosco”, Sede Esquel. La libertad que tuvimos para elegir las estrategias, tiempos, recursos y demás aspectos de semejante trabajo tuvo su base, en gran medida, en el presupuesto que nos otorgara la Fundación YPF, en el marco de su concurso Innovación en Educación 1997, y en el apoyo y libertad que, en la medida de sus posibilidades personales e institucionales, nos brindaron los directivos de las escuelas. Antes de comenzar la experiencia, quisimos estar más tranquilos sobre aquello de “materiales potencialmente significativos desde lo psicológico”, por lo que hicimos un diagnóstico escrito con la totalidad de los chicos que participaban en el inicio de 1998, unos trescientos cincuenta. El diagnóstico, muy sencillo y general, planteaba dos consignas: “Dibujá cómo es el recorrido del Sol desde la salida hasta la puesta, en invierno y en verano. Si querés, podés completar el dibujo con algo escrito.”, y “Escribí lo que pensás que es el tiempo. Si querés, podés completar lo escrito con un dibujo.” Luego, organizamos los resultados del diagnóstico en dos mapas conceptuales (FIGURA 3 y FIGURA 4, los óvalos grisados indican sobre qué conceptos se puso énfasis en el trabajo posterior). En estos mapas pudimos ver que los conceptos, relaciones entre conceptos y funciones dadas a los conceptos de espacio y tiempo, no diferían en general de lo que era el esquema general del eje de desarrollo conceptual, poniéndose claramente en evidencia aquellas ideas previas típicas (el Sol sale y se pone siempre por el Este y por el Oeste, respectivamente; el espacio existe independientemente del Hombre y el tiempo es una abstracción creada por él; las estaciones se producen por variación de la distancia Tierra-Sol; los fenómenos ocurren a la misma hora civil para todos los observadores; etc.). Este conjunto de ideas ya había sido tenido en cuenta en el diseño del eje de desarrollo, por lo que entonces dimos por satisfecha la preocupación sobre la potencialidad de significación psicológica de los materiales que utilizaríamos durante los dos años de trabajo. Las siete escuelas trabajaron en forma simultánea, a razón de unas tres horas por semana, compartiendo y comparando los resultados obtenidos, en especial debido a que las diferencias en latitud y longitud nos permitían poner en evidencia qué aspectos astronómicos del espacio y el tiempo eran comunes y qué aspectos no lo eran, comprendiendo así, entre otras muchos cosas, lo que implica vivir en un determinado lugar sobre este planeta particular.
FIGURA 3
FIGURA 4 ALGÚN SIGNIFICADO PARA LOS DOCENTES, POR FAVOR... Muchas veces, cuando estudiamos sobre aprendizaje significativo e implementaciones didácticas, tenemos la tendencia (quizás una deformación profesional) a pensar únicamente en los chicos; sin embargo, para los adultos vale lo mismo ya que la teoría no está hecha para los chicos, sino para los humanos, en general (los docentes no somos una variación genética, aunque si la evolución de las especies funcionara como pensaba Lamarck, gracias al Sistema y la política seguramente ya lo seríamos). Por esto, los materiales y la experiencia toda deben ser significativos para los docentes antes de que vayan a las aulas y comiencen a guiar a los chicos en este largo proceso, en el cual ellos mismos también aprenderán. Pensando en esto, realizamos seis talleres de formación docente durante los dos años de la experiencia; en los primeros talleres se hacía hincapié en el desarrollo conceptual y didáctico y en los últimos en la evaluación del proceso. La posición de privilegio que me dio el haber
sido el coordinador general de la experiencia, pero no haber tenido
la presión de ir al aula, me permite contar algunas de las conclusiones
que es posible sacar sobre el proceso vivido por los docentes, ya que
de alguna manera, el verdadero impacto de una experiencia de este tipo,
al menos en su primera implementación, no debe buscarse en los
chicos, sino en los docentes, ya que son ellos quienes han tenido que
cambiar muchas de sus concepciones sobre cómo educar en Ciencias
Naturales, quienes han tenido que concientizar sus ideas previas y sus
errores conceptuales y se han tenido que esforzar por modificarlos,
con la presión que implica el tener que estar preparados, casi
al mismo tiempo, para ser capaces de enseñar a sus alumnos conceptos
que ellos mismos están aprendiendo. Ahora bien, ya finalizada la experiencia, ¿de
qué manera puedo mostrarles a ustedes, amigos colegas, alguna
evidencia de que los chicos aprendieron en forma significativa, y tener
además alguna idea de en qué grado sucedió eso
tan deseado? Yo sé que me creen que así fue, pero como
docentes e investigadores que somos, también es bueno mostrar
algo más concreto, al menos como para tener más elementos
para discutir después. Se han tomado más de cuarenta entrevistas,
lo que representa más del 20% de la totalidad de chicos que estuvieron
dos años en la experiencia, respetando la misma proporción
respecto de la población de cada institución, es decir,
en cada escuela el número de entrevistados es el 20% de la totalidad
de chicos de esa escuela, lo que nos permite asegurar una adecuada representatividad
del estudio que estamos realizando. • Tomando éstas últimas entrevistas, es posible hacer una secuencia de pequeñas estructuras conceptuales que van recorriendo todo el eje de desarrollo conceptual, desde la primera actividad hasta la última. Esta secuencia no corresponde a un único chico, pero muestra que al menos en la pequeña estructura de que se trata en cada caso, por compleja que sea, ha habido chicos que han aprendido en forma significativa esos conceptos. • Por el tipo de estudio hecho, no podemos concluir que los chicos que durante la entrevista han mostrado no tener una estructura conceptual fuerte con respecto a ciertos conceptos, no hayan aprendido significativamente otros. Sin embargo, sí podemos afirmar que quienes durante la entrevista han demostrado estabilidad en sus estructuras conceptuales, seguramente han realizado aprendizajes significativos. • Debido a cómo fue diseñada la estructura conceptual general, es difícil que un chico que durante la entrevista haya demostrado aprendizajes significativos en conceptos de mayor nivel, pueda no haber aprendido significativamente los de menor nivel, debido fundamentalmente a que estos son condiciones necesarias para aquellos. • En la mayoría de los casos, aún en aquellos que podríamos decir que sus aprendizajes, en el marco de la entrevista, no demuestran haber sido significativos, sí es posible notar mayor seguridad y solvencia en lo actitudinal y metodológico, propios del trabajo en Ciencias Naturales, logro que no es despreciable de ningún modo, sino que muestra que el trabajo realizado fue significativo en otros campos, más allá de lo astronómico propiamente dicho. • Es importante resaltar aquí que el aprendizaje de los chicos depende del aprendizaje de los docentes; es decir, los docentes son quienes guían en su trabajo a los chicos y quienes les enseñan ciertas estrategias y facilitan sus aprendizajes. En el caso de que los docentes no hayan ellos mismos logrado aprender en forma significativa ciertos conceptos, no es posible que sus alumnos sí lo hayan logrado. Como ejemplo vale citar uno de los últimos conceptos trabajados en el Proyecto: la Ecuación del Tiempo y su utilización para pasar del Tiempo Solar Verdadero al Tiempo Civil Argentino; por distintas razones, unos pocos docentes no pudieron lograr aprender en forma estable estos conceptos y sus múltiples conexiones, por lo tanto, no es posible que una entrevista a uno de sus alumnos pretenda hallar una estructura conceptual estable sobre los mismos conceptos. Es importante destacar que las últimas actividades (calendario y Analema) en general no fueron realizadas. • Al finalizar el estudio, seguramente estaremos concluyendo que el proceso que los chicos han vivido durante dos años les ha brindado la posibilidad de realizar aprendizajes significativos en distintas zonas conceptuales relacionadas con espacio y tiempo desde una perspectiva astronómica. No podremos asegurar, de ningún modo, la cantidad de chicos ni el grado en que han aprendido. Pero sí podremos asegurar, firmemente, que este estudio demuestra que es posible desarrollar acciones en la escuela común, tendientes a lograr aprendizajes significativos en chicos de EGB, en áreas de contenido conceptual habitualmente consideradas tabúes. Es claro que, de acuerdo con la teoría del aprendizaje significativo, considero que hemos satisfecho las condiciones básicas para que el mismo suceda: materiales lógicamente coherentes y potencialmente significativos, tiempo para realizar el proceso de aprendizaje, respeto por las ideas de quien está aprendiendo e interés por parte de quien aprende durante el proceso. Sin embargo, es importante tener en claro cuáles serían las condiciones que debieran darse para que el trabajo propuesto pudiera llevarse a la práctica, en forma satisfactoria, en otras instituciones educativas; llamaré a éstas “condiciones necesarias”, debido a que sin las mismas se pondría en serio riesgo la implementación de la experiencia. Hay además otros aspectos que podrían ser útiles para que, una vez aseguradas las condiciones necesarias, la implementación de la experiencia se viera mejorada; cabe aclarar que con la existencia únicamente de estas últimas no podría desarrollarse, de ningún modo, el trabajo propuesto. Ambos tipos de condiciones son las siguientes:
CONDICIONES NECESARIAS PARA UNA RÉPLICA
SATISFACTORIA DEL EJE DE
ASPECTOS QUE MEJORARÍAN LA IMPLEMENTACIÓN DE LA EXPERIENCIA
ESTO NOS GUSTÓ, ASÍ QUE SEGUIREMOS
TRABAJANDO DOS AÑOS MÁS La nueva experiencia que ya hemos iniciado en el pasado mes de marzo está enmarcada en la concepción que sobre la Didáctica de la Astronomía les he presentado en este escrito. En particular seguiremos trabajando sobre las nociones de espacio y tiempo y simetrías, a través del desarrollo de las secuencias de actividades propias de los ejes de la Luna y el Cielo Nocturno. En esta oportunidad profundizaremos aún más en la investigación sobre aprendizajes significativos, trabajando explícitamente con los chicos con mapas conceptuales, tanto individuales como grupales, realizando entrevistas clínicas en varias instancias durante los dos años, logrando así tener un seguimiento mucho más sistemático y detallado del aprendizaje de los chicos. El aprendizaje de los docentes será también a través de la realización de seis talleres durante el proceso de la experiencia; y también tenemos prevista la publicación de revistas pensadas como síntesis del trabajo y dirigidas a los chicos. Espero que próximamente les pueda contar cómo nos fue... A MODO DE DESPEDIDA Más allá del relato de una experiencia vivida, me gustaría que esta “carta abierta” sirviera para abrir un espacio de discusión sobre las posibilidades que a mi entender brinda la Didáctica de la Astronomía, para producir no sólo investigaciones educativas sino fundamentalmente experiencias didácticas capaces de generar aprendizajes significativos, especialmente en los chicos. Es mi anhelo, y como colega que soy de ustedes será una gran satisfacción, que algún día podamos participar de una discusión sobre estos temas y compartir las vivencias que cada uno se haya animado a producir. ¡Hasta pronto...! BIBLIOGRAFÍA 1. Camino, Néstor, 1999. “Sobre la Didáctica de la Astronomía y su inserción en EGB”, en Kaufman, Miriam y Fumagalli, Laura, Enseñar Ciencias Naturales. Reflexiones y Propuestas Didácticas. Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, ISBN 950- 12 - 2140-7, pp. 143-173. 2. Revista “El Gnomon Patagónico”,
números 1 (1998) y 2 (1999), y fichas de actividades, esquemas
conceptuales y materiales de profundización
teórica del trabajo desarrollado. Disponibles para quienes
así lo deseen.
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“Gnomon recto vertical utilizado para las mediciones durante el Proyecto”
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“Reloj de Sol ecuatorial en El Bolsón”
“Midiendo la diferencia entre la hora solar y la hora civil para determinar la Ecuación del Tiempo”
FOTO 7
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