El reloj de Sol ubicado sobre
la avenida Irigoyen fue diseñado como un homenaje a todos los
Pueblos Originarios de la Patagonia: Tehuelches, Mapuches y Onas, en
general. Su frase intenta simbolizar la unión de los pueblos
originarios de la Patagonia con la tierra y la naturaleza. Es en sí
mismo una gran escultura hecha en madera, hierro, mármol travertino
y rocas de la zona, cuyo autor es el artista plástico Mariano
Chanourdie.
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El reloj es conceptualmente similar a una porción de esfera armilar:
el eje principal del mismo representa al eje de rotación de la
Tierra y los arcos de madera representan al Ecuador Celeste. Debido
a que los pueblos patagónicos no desarrollaron un sistema de
medición del tiempo similar al que utilizamos nosotros, ya que
a los fines de sus costumbres, necesidades y relación cósmica
con su entorno, en la que el Sol era de trascendental importancia, sólo
utilizaban momentos definidos dentro de un día (salida y puesta
del Sol, mediodía solar) y dentro del año (equinoccios,
solsticios). Es por esta razón que el reloj sólo indicará
en forma aproximada el momento del Mediodía Solar Verdadero,
que sucede cuando el Sol alcanza su máxima altura sobre el horizonte,
proyectándose en ese momento la sombra del eje sobre el centro
de los arcos de madera en el que está ubicada un trozo de mármol
travertino blanco.

Rafael Williams (Intendente de Esquel) Mariano Chanourdie y Néstor
Camino |
PALABRAS
DE JOSÉ LUIS TUÑÓN (leídas
en el acto de inauguración)
Hasta
no hace mucho, al menos entre nosotros, arte y oficio eran dos
caras de una misma moneda. O mejor, dos formas de la misma sustancia,
por decir: planta y fruto. Si bien se distinguían a veces,
un artista era nombrado por su oficio de referencia y lo que se
esperaba de él era la producción de objetos correspondientes:
un pintor, pinturas; un escultor, esculturas. Como decir que un
peral diera...peras, ¿qué otra cosa?
Pero
resulta que el asunto se ha complicado un poco y desde hace un
tiempo no está mal pedirle peras al olmo, siempre y cuando
la razón fuera no dar el asunto por sentado. Asistimos
desde entonces a un prodigioso despliegue de cambios que hace
difícil encontrar producciones que se ajusten a lo que
supuestamente entendíamos por arte. Mas bien una obra es
considerada tal en tanto cuestiona esos supuestos, empezando por
el propio proceso de gestación, aquello que antes llamábamos
simplemente oficio.
No
debemos renegar de ello. Todo arte que conocemos y practicamos
se ha construido sobre las ruinas de otro que lo precedía.
Sería muy hipócrita pretender que el proceso se
detenga cuando no nos conviene. Lo que sí hay que hacer
es dar cuenta de ello. Estar a la altura del tiempo que nos toca
y a la vez ser fieles a nuestra historia.
José
Luis Tuñón, Artista Plástico, Comodoro Rivadavia,
2001.
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