Módulo de Experimentos Espaciales N°06 (SEM06)
Transbordador Espacial Atlantis – Misión STS 101– mayo de 2000
NASA – Comisión Nacional de Actividades Espaciales
Complejo Plaza del Cielo
Univ. Nac. de la Patagonia “San Juan Bosco”

El Programa SEM de la NASA y las experiencias argentinas

La NASA, Agencia Espacial de Estados Unidos, ha definido que la educación y la divulgación científica relacionadas con el espacio y las investigaciones científicas que se desarrollan en ese entorno físico son de trascendental importancia para que quienes habitamos el planeta Tierra vayamos gradualmente considerando que en el futuro podremos vivir allí.

Con este espíritu es que la NASA creó el Programa SEM, que consiste en enviar en las misiones de los transbordadores espaciales un pequeño conjunto de experiencias, de todo tipo, diseñadas por estudiantes y docentes de los distintos niveles del sistema educativo; en algunas oportunidades, ese organismo invita a otros países a que participen de los módulos SEM.

Los módulos SEM son una especie de tambor, de tamaño similar a los de 200 litros de nuestro país, en cuyo interior se ubica otro tambor en el que se ordenan diez cajones semicirculares (cinco por cada mitad del tambor). A su vez, en el interior de cada cajón van los experimentos, ya sea en tubos o en contenedores especiales. Los elementos de las distintas experiencias están protegidas por materiales blandos sintéticos, parecidos al telgopor; cada cajón está aislado del resto; cada mitad del tambor a su vez se aísla; el espacio entre ambos tambores también se aísla con un gas especial; y finalmente el módulo como un todo está aislado por una cubierta de aluminio para proteger al conjunto del entorno espacial una vez que las puertas de la bodega del transbordador se abren para el trabajo de los astronautas.

Existen dos tipos de experimentos para enviar al espacio en los módulos SEM, los activos y los pasivos. Los experimentos activos son aquellos en los cuales, durante el tiempo que el transbordador está en órbita, suceden algún tipo de procesos químicos (p. ej., reacciones con ácidos), físicos (p. ej., funcionamiento de circuitos eléctricos) o biológicos (p. ej., crecimiento de cultivos de bacterias), los cuales para su funcionamiento requieren energía del transbordador, recibir o grabar datos en las computadoras de a bordo, o bien requieren la atención de los astronautas. Los experimentos pasivos son aquellos en los que no sucede nada de lo citado antes, por ejemplo, como cuando se envía tierra, agua, semillas, diskettes, etc.

En 1997 la NASA invitó a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales de nuestro país a participar de ese Programa, enviándose en aquella oportunidad un conjunto de semillas, de un colegio de Buenos Aires. En 1998 se repitió la invitación, aunque esta vez la mitad del módulo SEM06 fue de instituciones educativas de Argentina y la otra mitad de Estados Unidos.

Los cinco cajones asignados a Argentina contenían distintos experimentos de instituciones de nivel primario, secundario y terciario, de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y Esquel. En todos los casos, incluyendo a los de Estados Unidos, estos experimentos fueron pasivos debido a que la misión STS101 estaba destinada a instalar un módulo de la Estación Espacial Internacional, por lo que la NASA y las demás Agencias Espaciales asociadas en este emprendimiento cuidaron la seguridad de la misión al máximo.

El Complejo Plaza del Cielo, Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco”, participó del módulo SEM06 por invitación de la CONAE, enviando dos experiencias: un conjunto de semillas de especies arbóreas nativas de la Patagonia y un conjunto de aceites esenciales de arbustivas, la mayoría de ellas nativas de Patagonia y algunas exóticas aunque adaptadas aquí. En todos los casos, un conjunto testigo quedó en Esquel a la espera del regreso del conjunto espacial, para así poder realizar las comparaciones pertinentes.

Invitación oficial de la NASA para presenciar el despegue del Transbordador Atlantis


Descripción de las condiciones a las que estuvo sometido el módulo SEM06

• Largo período de aislamiento.

   Desde que salieron de Esquel hasta que se integraron al transbordador Atlantis las semillas y los aceites estuvieron embalados    un año, a temperatura ambiente y en oscuridad. Esta dilación fue debido a que las distintas Agencias Espaciales encargadas de    poner a punto el módulo de la Estación Espacial Internacional que sería llevado por el Atlantis no cumplieron con los tiempos    planificados originalmente. Así, una condición importante a la que fueron sometidos los experimentos fue este largo período de    aislamiento en condiciones terrestres.

• Aceleración de 4G.

   Posteriormente, el Atlantis despega. Durante los segundos del despegue, la aceleración de la nave es muy intensa con el fin de    poder elevarse con suficiente energía de movimiento como para poder quedar en órbita. El efecto que produce tal aceleración    es equivalente a que el peso de las cosas aumentara casi cuatro veces (4G) por encima de lo normal (1G). Por esta razón,    pueden producirse efectos muy peligrosos en la estructura de los dispositivos de la nave y de los experimentos que viajan en    ella. Otra condición extrema para las semillas y aceites fue entonces el efecto de la aceleración durante el despegue sobre su    estructura interna.

• Gran variación de temperatura.

   El transbordador Atlantis estuvo diez días en órbita alrededor de la Tierra, a una distancia promedio de 350 km, dando una    vuelta al planeta aproximadamente cada noventa minutos. Una vez acoplado a la Estación Espacial Internacional, el Atlantis    tuvo sus bodegas abiertas durante poco más de nueve días y medio.

   El módulo del SEM está adosado a la pared interior del transbordador, por lo que mientras la bodega está abierta el módulo    está sometido a la interacción con el espacio, entorno físico muy hostil, aunque si se protegen los equipos y las personas en    forma debida, puede permanecerse en él un tiempo considerable sin correr grave riesgo.

   El medio espacial es hostil en especial debido a la gran variación de temperatura entre el lado diurno (cuando el Sol ilumina el    transbordador) y el lado nocturno (en la sombra del transbordador). En esta misión la temperatura osciló entre los –37°C y los    +27°C. Esta variación sucedía como consecuencia de los movimientos del transbordador y si el lugar de la bodega en que    estaba el módulo SEM era iluminada o no por el Sol. Cabe destacar que fuera de la bodega la variación de temperatura es    mucho más amplia que ésta, ya que la propia estructura de la nave protege a los elementos de su interior.


• Bombardeo de rayos cósmicos.

   Si bien es cierto que en el espacio, fuera de la atmósfera, se recibe una enorme cantidad de luz ultravioleta y otras aún más    energéticas, lo que haría que cualquier ser vivo sin protección muriera en poco tiempo, debido al blindaje no sólo de la nave    sino del propio módulo SEM, esta radiación (luz) no afectó a los experimentos.

   Sin embargo, y a pesar de su nombre, los rayos cósmicos no son luz sino partículas, fundamentalmente electrones, protones y    aún núcleos de átomos, que son expulsados por el Sol desde su interior, formando lo que llamamos el “viento solar”;    contribuyen también las partículas que otras estrellas y supernovas dispersan por todo el universo.

   Las partículas que denominamos rayos cósmicos viajan a enormes velocidades, en algunos casos cercanas a las de la luz, por    lo que en todos los casos son de muy alta energía. Si esas partículas llegan a los tejidos de un ser vivo, pueden producir    mutaciones genéticas o daños a nivel celular, que pueden derivan en modificaciones en la información genética de las células,    en cáncer y en otras graves enfermedades.

   Sin embargo, llegan a la superficie terrestre, en cada instante y desde siempre, una cantidad considerada normal de rayos    cósmicos; se la considera normal debido a que la evolución de la vida en la Tierra fue posible aún con este bombardeo de    partículas de alta energía.

   Lo peligroso entonces radica cuando a una persona, a un ser vivo en general o a un equipo electrónico se los somete a un nivel    de rayos cósmicos excesivo respecto de lo que están preparados para soportar. Quienes podrían recibir alta intensidad de    rayos cósmicos podrían ser, por ejemplo, un astronauta que permaneciera en el espacio mucho tiempo fuera de la nave o    durante un período de actividad solar muy intenso, como así también aquellas personas que en la Tierra fueran afectadas por    una explosión nuclear.

• Microgravedad.

   La gravedad es una propiedad fundamental de la materia y existe en todo el universo conocido. No existe lugar en el universo    en el que la gravedad deje de actuar, ni por causas naturales ni por algún dispositivo producido por el Hombre. La interacción    gravitatoria es una de las cuatro fuerzas fundamentales en la descripción física del universo, siendo las restantes la fuerza    nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil y la fuerza electromagnética, aunque estas sí pueden no actuar en ciertos lugares.

   El efecto que la gravedad del planeta Tierra produce sobre los objetos situados cerca de ella es lo que conocemos como el    “peso” de las mismas. En ciertas condiciones, el estado de movimiento de un cuerpo puede ser tal que su peso aparente sea    diferente al producido por gravedad, como por ejemplo durante una caída libre, en que el peso aparente de un objeto puede    ser cercano a cero, aunque no haya variado su peso gravitatorio.

   Se denomina “microgravedad” al estado de movimiento que produce que el peso aparente de un cuerpo o sistema sea muy    pequeño comparado con su peso producido por la atracción gravitatoria de la Tierra.

   Un nave espacial en órbita terrestre puede ser considerada como un sistema en permanente caída libre hacia la Tierra, por lo    que ella y todo su contenido estarán en microgravedad: su peso es prácticamente el mismo que en la superficie del planeta (el    valor de la gravedad a 300 km de altura es sólo un 10% menor respecto de su valor a nivel del mar), sin embargo su peso    aparente es prácticamente cero. En el entorno de microgravedad de la Estación Espacial Internacional el peso aparente de un    objeto es aproximadamente una millonésima de su peso normal a nivel del mar.

   En un entorno de microgravedad los procesos de convección, capilaridad, sedimentación, difusión, etc., varían de tal forma que    a veces es casi imposible poder comprender y predecir en forma precisa el desarrollo de ciertos procesos considerados    sencillos en Tierra. Estas variaciones producen consecuencias trascendentales en ciertas áreas científicas y tecnológicas    actualmente en desarrollo, como por ejemplo en Biotecnología (crecimiento de cristales, cultivos de tejidos, etc.).


Descripción de las especies arbóreas enviadas

Fuente: Roberto Rodríguez, Oscar Matthei, Max Quezada, 1983. Flora Arbórea de Chile, Editorial de la Universidad de Concepción de Chile.


Coihue

Nombre científico: Nothofagus dombeyi

Árbol siempre verde de gran porte que suele alcanzar los 35 m de altura y hasta 1,5 m a 2 m de diámetro en el tronco. La corteza es casi lisa a rugosa, grisácea. Las hojas son persistentes, de forma aovada alargada, de 2 cm a 3 cm de largo y 1 cm a 1,5 cm de ancho, con los bordes con dientes finos, y consistencia similar al cuero; son color verde oscuro y lustrosas.

Posee flores masculinas y femeninas separadas, pequeñas, en forma de cúpula color verde claro a amarronado. Los frutos se llaman aquenios, y se presentan como semillas agrupadas de a tres en una cúpula con cuatro valvas color marrón claro; el aquenio del medio es plano y los de los costados triangulares.

La madera es de buena calidad, la parte cerca de la corteza es blanco-grisácea, y la parte central blanco rosada. Resiste muy bien el agua sin deteriorarse. Es fácil de trabajar. Se usa para carpintería, muebles, pisos, durmientes, lanchas, etc.

En Argentina crece entre los 38º 30' S y los 48º S, es decir entre Neuquén, Río Negro y Chubut. Crece también en Chile. Forma en general bosques puros (sin otros árboles), pero también se lo encuentra asociado con el ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis) en los faldeos secos. También se asocia con la lenga (Nothofagus pumilio), con el roble pellín (Nothofagus obliqua) y con el raulí (Nothofagus procera). Se lo encuentra entre los 700 m a los 1200 m de altura, en suelos húmedos con ambiente húmedo; muy comunes a la vera de los lagos, arroyos y cañadones.


Maitén

Nombre científico: Maytenus boaria

Árbol siempre verde, de tamaño variable según el lugar donde crezca; en las zonas más secas es un arbolito de 5 m a 8 m de altura y 20 cm a 30 cm de diámetro en el tronco, mientras que en lugares más propicios alcanza los 20 m de altura y 80 cm de diámetro del fuste. La copa es mas o menos globosa y densa, con ramas que caen parecidas a un sauce llorón. Corteza grisácea poco agrietada. Las hojas son simples, con cabito corto, lanceoladas y afinadas en ambas puntas, borde finamente aserrado, de 2 a 8 cm de largo y 5-20 mm de ancho, consistencia como cuero y color verde claro.

Las flores son hermafroditas (tienen los dos sexos en la misma flor) o unisexuadas, pequeñas, agrupadas en racimitos, de color verdoso. El fruto es una cápsula coriácea aplanada que encierra dos semillas de unos 5 mm de largo, cubiertas por una estructura carnosa de color rojo llamado arilo.

Su madera es de buena calidad, no muy pesada, el color es parejo cerca de la corteza y en la parte central, amarillento rosado. Es fácil de trabajar y se usa mucho en carpintería rural. Además las ramitas tiernas se usan para alimentar el ganado cuando hay poco pasto disponible. Esta práctica hay que hacerla con mesura ya que si lo dejamos con muy poco follaje el árbol se debilita, enferma o muere. Las semillas son muy ricas en aceite. La corteza y la cáscara del fruto se usan para teñir color vicuña.

El maitén crece naturalmente en los bosques andino patagónicos de Argentina y Chile, y también en el sur de Brasil y Perú. En nuestro país se lo encuentra desde Neuquén hasta Tierra del Fuego, y también en Mendoza, San Luis y Córdoba.


Lenga

Nombre científico: Nothofagus dombeyi


Árbol monoico, de hasta 30 m de alto; copa piramidal. Tronco recto, cilíndrico de hasta 1,5 m de diámetro; corteza agrietada longitudinalmente, oscura, gris en los árboles jóvenes. Ramas gruesas, ascendentes; ramitas cortamente pubescentes. Yemas cortas, ovoides, de 0,5 cm de largo. Hojas caducas, simples, alternadas, de 2 cm a 4 cm de largo y 1,4 cm a 3 cm de ancho; lámina elíptica, roma, débilmente cordiforme en la base, a veces cuneada y alto asimétrica; las venas terminan en el seno de cada dos dientes; hojas jóvenes pilosas en los nervios, ciliadas en el margen, las adultas pilosas sólo en los nervios; margen crenado o dentado romo. Estípulas caducas.

Flor masculina solitaria, cortamente pedicelada; perigonio infundibuliforme, velloso, 5-7 lobulado, de color ocre; estambres numerosos. Flores femeninas solitarias, axilares en las hojas, sésiles; cúpula 2-partida, del tamaño del ovario, éste solitario; lamelas lineares, apéndices lamelares ausentes. Fruto una nuez triquetra, de 1 cm de largo.

Árbol endémico de los bosques subantárticos. Puede encontrarse en el límite altitudinal de la vegetación arbórea, pero al sur crece en partes bajas, incluso al nivel del mar.

La Lenga es una especie que tiene una gran amplitud ecológica y su forma de distribución indica que requiere de bajas temperaturas y un suelo generalmente de poca calidad. Vive en lugares con abundante pluviosidad, en que el invierno es particularmente riguroso, con aguanieve a lo largo de la estación fría y a menudo afectado por intensos vientos helados de la zona austral.

En muchos sectores y en las partes altas de la cordillera forma bosques puros llamados “lengales”, donde existe un sotobosque limpio; puede estar mezclado con otras especies y asociado bajo el dosel de araucarias.

Su madera es fácilmente trabajable, de buena calidad, compacta elástica, moderadamente pesada; posee una albura blanquecino-amarillenta y el duramen de color café-crema posee un brillo suave natural. Se utiliza en toda clase de construcciones, muebles, toneles, etc., siendo sin duda la principal especie forestal de esas latitudes.


Distribución de los grupos de semillas

Se han distribuido las semillas a cuatro escuelas de la región patagónica:

• Escuela Experimental (EGB) de Esquel, a cargo de Inés Irigoyen, trabajando conjuntamente con la Escuela Politécnica N°701    (Polimodal), a cargo de Irene Irigoyen. LENGA.

• Escuela Hogar N°268 (Primaria) de El Bolsón, Río Negro, a cargo de Cristina Terminiello. COIHUE.

• Escuela N°12 (EGB) de Perito Moreno, Santa Cruz, a cargo de Sandra Gómez. LENGA.

• Escuela N°726 (Polimodal) de El Maitén, Chubut, a cargo de Mabel Lara. MAITÉN.

Un grupo de cada especie quedó en la Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco”, Sede Esquel, a cargo de los profesionales del Departamento de Ingeniería Forestal.

Consideración general del trabajo y proyección a futuro

El objetivo fundamental por el cual se enviaron las semillas y los aceites en el módulo SEM06, a bordo del transbordador Atlantis, fue darnos la posibilidad de estudiar qué efectos pudo haber tenido sobre esos compuestos orgánicos su estancia en el espacio durante casi diez días.

Así, los grupos de alumnos que estudien en forma comparativa la germinación, crecimiento y morfología de las semillas y plantas que de ellas crezcan estarán analizando de alguna manera los efectos citados.

Estas experiencias, sencillas pero muy interesantes, nos permitirán proyectarnos a futuro y pensar en que dentro de pocos años, seguramente cuando los chicos que están estudiando las semillas sean jóvenes adultos, la vida en la Estación Espacial Internacional, y la investigación espacial en su conjunto, incluido el viaje a Marte, serán algo cotidiano. Parte de la educación que los adultos de hoy, y en especial quienes somos docentes, debemos brindar a nuestros alumnos es darles los elementos para que puedan comenzar a comprender desde ahora mismo qué tipo de futuro les espera, en el que ellos serán quienes deban modificar o construir nuevas alternativas para la vida en sociedad.

Las escuelas que se han hecho cargo de estas experiencias tomarán el compromiso de, cuando se llegue al estadio de transplantar a tierra los plantines, definir un sector de su predio u otro que consideren conveniente, en el que plantarán los plantines cuidando de ese “bosquecillo espacial”. Este conjunto de plantas cuyas semillas originarias estuvieron en el espacio durante la construcción de la Estación Espacial Internacional, servirán como un elemento motivador de muchas experiencias educativas, en especial de aquellas relacionadas con la investigación científica propia del espacio. Asimismo, servirán de símbolo, ya que mientras estos árboles crecen, así también lo hace la Estación y nuestra posibilidad de vida en el espacio exterior.

Es deseable que sean los docentes de la escuela, no sólo quienes se hicieron cargo de la experiencia, los que produzcan otro tipo de trabajos educativos y momentos de análisis crítico sobre la investigación espacial y la tecnología. En especial, considerando la carga social y ética que ese tipo de desarrollos tiene, pensando particularmente en cuánto nos afecta, nos favorece o nos permite crecer genuinamente a quienes vivimos en un país como Argentina y en una región como la Patagonia.


Protocolo de trabajo científico a realizar con las semillas

Cada grupo tendrá como mínimo una especie, con el lote de semillas que fueron al espacio y las testigo. Ambos lotes se tratarán de igual modo, siguiendo la instrucciones que se detallan más abajo.

Cantidad de semillas

Aproximadamente 150 por tratamiento (las que viajaron y las que no), por especie.

PRECAUCION: mantener siempre separadas e identificadas las semillas que viajaron y las que no. NO SE NOS DEBEN CONFUNDIR!!!


Tratamientos pre-siembra

Lavar las semillas con agua corriente por una noche para remover inhibidores de la germinación y patógenos. Las semillas de maitén hay que dejarlas entre 2 a 5 días en remojo, cambiando el agua cada día, y al quinto frotarlas en papel tisú para quitarles la cubierta cerácea rojiza que las cubre (inhibe la germinación). Colar las semillas, escurrirlas y depositarlas (húmedas) en frascos sin tapa en la heladera a 4 grados por 30 días a 45 días para romper la dormición.


Siembra

Preparar cajoncitos de madera, como los de dulce de membrillo, u otro pero siempre que tenga orificios en la base para el drenaje de agua; es conveniente que tengan 10 a 15 cm. de profundidad así no hay que transplantar las plantitas tan jóvenes. Como sustrato usar tierra negra con arena volcánica, en relación 70:30. Hay que sembrar la misma cantidad de semillas de los dos tratamientos. Para esto hace falta contarlas o bien pesarlas en una balanza precisa. Una vez llenos los cajones, hacer surcos con el dedo de 1 a 1,5 cm de profundidad, separados 4 a 5 cm uno de otro. Separar montoncitos iguales de semilla de acuerdo a la cantidad de surcos que entran en el almácigo; distribuir manualmente las semillas en los surcos de manera que no queden espacios vacíos, pero sin amontonar muchas en el mismo lugar. Al terminar, taparlas con los dedos usando la tierra que quedó levantada a los costados del surco.

Meter los cajones en bolsas de nylon transparente y cerrarlas con un nudo, a fin de que no pierdan humedad. Es importante para la germinación que la superficie del almácigo esté siempre húmeda. Cuando se seque la superficie, regar con un pulverizador: la tierra debe estar húmeda pero no empapada (con las bolsas de nylon van a necesitar poco riego; si la bolsa está transpirada no agregar más agua). Colocar los cajones en un lugar templado, sin luz directa para evitar la desecación.

Cuando las plántulas germinen, abrir el nylon y poner los cajones en un lugar iluminado pero sin luz directa, cerca de una ventana.

Transplante

Cuando las plantas alcancen 8 a 10 cm de altura (después de uno o dos meses de acuerdo a la temperatura), hay que efectuar el transplante (no tendrán en el almácigo lugar suficiente para seguir desarrollándose. Se procederá a extraer las plantas del almácigo y se las colocará cada una en un envase, que puede ser macetas plásticas (las negras que usan en los viveros) o cajas tetra brick de 1 litro. Llenarlas con tierra negra, humedecerla y hacer un hoyo en el centro. Extraer con mucho cuidado las plantas del almácigo a fin de no dañar las raíces. Colocar una en cada maceta, cuidando que el hoyo sea lo suficientemente profundo como para que las raíces no se doblen; si las raíces fueran demasiado largas, podarlas con un cuchillo hasta que el largo de la raíz sea igual al de la parte aérea de la planta. Antes de compactar la tierra alrededor de la plantita, dar un tironcito hacia arriba. Ubicarlas en un lugar soleado, siempre sin luz directa.
Las plantas de lenga y el coihue se dejan crecer dos años en maceta hasta transplantarlos a la tierra; el maitén necesita de 2 a 3 años para tener tamaño suficiente para ser transplantado. Para plantarles en tierra habrá que escoger un sitio protegido por otras plantas, mejor si son arbustos que árboles grandes, pues estos últimos darán mucha sombra. Si hay sospechas que anden liebres, ponerles una protección alrededor a cada plantita (una chapa con agujeros, llamada chapa corona, o alambre de gallinero con una varilla que lo sostenga; la chapa o el alambre debe rodear a la plantita como un tubo, sin apretarla).


Datos a registrar

• Fecha cuando se pusieron las semillas en frío en la heladera.

• Fecha de siembra

• Cantidad de semillas sembradas

• Fecha de inicio de la germinación

Mantener siempre rotulados los lotes de semilla por especie y tratamiento (testigo y enviadas al espacio).

Cada una semana evaluar y registrar el número de plantas que germinan en cada tratamiento. Posteriormente registrar la altura de cada planta en cada tratamiento y realizar una descripción de sus características generales..

Describir cualquier anormalidad en el crecimiento, morfología u otra particularidad.

Conclusiones

Luego de realizados los tratamientos previstos con los distintos grupos de semillas (espaciales y terrestres), en las cuatro escuelas y en la universidad, es muy lamentable reportar que las semillas enviadas al espacio no germinaron, interrumpiendo así un proceso en el que habíamos puesto gran expectativa, no sólo los docentes sino principalmente los chicos de las distintas ciudades involucradas en esta experiencia.

La causa principal a la que asignamos la mortandad de las semillas es el largo período de aislamiento (más de un año) debido al retraso en el inicio de la misión STS-101. Cabe destacar que las especies patagónicas tienen, naturalmente, un bajo porcentaje de viabilidad, que, según la especie, puede ser del orden del 15%. Nuestro interés, al ser invitados a participar en el SEM 06, era enviar semillas patagónicas, no exóticas (tomate, pino, etc.), y bien quisimos correr el riesgo de aquella baja viabilidad con el fin último de lograr un resultado significativo para nuestra región.

Muchas veces, y en la ciencia y en la educación es casi una regla, se aprende más y mejor de los errores o de experiencias fallidas que de aquellas situaciones “perfectas”. A pesar de que hoy no tenemos plantines de Lenga, Cohiue o Maitén creciendo en nuestras escuelas, los chicos y los docentes que participaron de la experiencia han aprendido con mucha profundidad conceptos importantes para su futuro: cuidado del ecosistema patagónico, biodiversidad, tecnología espacial, física del espacio, etc. Saben además que el espacio es un entorno ya posible, real para el futuro de la Humanidad, en el que quizás ellos mismos puedan llegar algún día a viajar a la Estación Espacial Internacional, a estudiar temas relacionados con el espacio, o vivir dedicados a lo que elijan sin que la investigación espacial les resulte algo extraño.

Sin dudas, esto hace que de todos modos nuestros objetivos educativos al participar en el SEM 06 hayan sido cumplidos en forma satisfactoria, aunque de manera diferente a la originalmente prevista.


Fundación YPF

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Cinco escuelas de EGB de la región (Perito Moreno en Santa Cruz, El Bolsón en Río Negro, y Esquel en Chubut) trabajaron con las semillas, comparando su poder germinativo, su crecimiento y morfología, con respecto a un conjunto de semillas testigo que quedaron en Esquel. Una experiencia similar se desarrolló en el Departamento de Ingeniería Forestal, de la Facultad de Ingeniería de la UNPSJB Sede Esquel.

La experiencia fue monitoreada tanto en su diseño como en su posterior evaluación por la Lic. Carolina BARROETAVEÑA, por la Lic. Liliana CONTARDI y por la Ing. Mariela PASQUINI, todas ellas de la UNPSJB Sede Esquel.