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Módulo
de Experimentos Espaciales N°06 (SEM06)
Transbordador Espacial Atlantis – Misión STS 101–
mayo de 2000
NASA – Comisión Nacional de Actividades Espaciales
Complejo Plaza del Cielo
Univ. Nac. de la Patagonia “San Juan Bosco” |
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El Programa SEM de la NASA y las experiencias
argentinas
La NASA, Agencia Espacial de Estados Unidos, ha definido
que la educación y la divulgación científica
relacionadas con el espacio y las investigaciones científicas
que se desarrollan en ese entorno físico son de trascendental
importancia para que quienes habitamos el planeta Tierra vayamos gradualmente
considerando que en el futuro podremos vivir allí.
Con este espíritu es que la NASA creó
el Programa SEM, que consiste en enviar en las misiones de los transbordadores
espaciales un pequeño conjunto de experiencias, de todo tipo,
diseñadas por estudiantes y docentes de los distintos niveles
del sistema educativo; en algunas oportunidades, ese organismo invita
a otros países a que participen de los módulos SEM.
Los módulos SEM son una especie de tambor,
de tamaño similar a los de 200 litros de nuestro país,
en cuyo interior se ubica otro tambor en el que se ordenan diez cajones
semicirculares (cinco por cada mitad del tambor). A su vez, en el
interior de cada cajón van los experimentos, ya sea en tubos
o en contenedores especiales. Los elementos de las distintas experiencias
están protegidas por materiales blandos sintéticos,
parecidos al telgopor; cada cajón está aislado del resto;
cada mitad del tambor a su vez se aísla; el espacio entre ambos
tambores también se aísla con un gas especial; y finalmente
el módulo como un todo está aislado por una cubierta
de aluminio para proteger al conjunto del entorno espacial una vez
que las puertas de la bodega del transbordador se abren para el trabajo
de los astronautas.
Existen dos tipos de experimentos para enviar al espacio en los módulos
SEM, los activos y los pasivos. Los experimentos activos son aquellos
en los cuales, durante el tiempo que el transbordador está
en órbita, suceden algún tipo de procesos químicos
(p. ej., reacciones con ácidos), físicos (p. ej., funcionamiento
de circuitos eléctricos) o biológicos (p. ej., crecimiento
de cultivos de bacterias), los cuales para su funcionamiento requieren
energía del transbordador, recibir o grabar datos en las computadoras
de a bordo, o bien requieren la atención de los astronautas.
Los experimentos pasivos son aquellos en los que no sucede nada de
lo citado antes, por ejemplo, como cuando se envía tierra,
agua, semillas, diskettes, etc.
En 1997 la NASA invitó a la Comisión
Nacional de Actividades Espaciales de nuestro país a participar
de ese Programa, enviándose en aquella oportunidad un conjunto
de semillas, de un colegio de Buenos Aires. En 1998 se repitió
la invitación, aunque esta vez la mitad del módulo SEM06
fue de instituciones educativas de Argentina y la otra mitad de Estados
Unidos.
Los cinco cajones asignados a Argentina contenían
distintos experimentos de instituciones de nivel primario, secundario
y terciario, de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y Esquel. En todos
los casos, incluyendo a los de Estados Unidos, estos experimentos
fueron pasivos debido a que la misión STS101 estaba destinada
a instalar un módulo de la Estación Espacial Internacional,
por lo que la NASA y las demás Agencias Espaciales asociadas
en este emprendimiento cuidaron la seguridad de la misión al
máximo.
El Complejo Plaza del Cielo, Universidad Nacional
de la Patagonia “San Juan Bosco”, participó del
módulo SEM06 por invitación de la CONAE, enviando dos
experiencias: un conjunto de semillas de especies arbóreas
nativas de la Patagonia y un conjunto de aceites esenciales de arbustivas,
la mayoría de ellas nativas de Patagonia y algunas exóticas
aunque adaptadas aquí. En todos los casos, un conjunto testigo
quedó en Esquel a la espera del regreso del conjunto espacial,
para así poder realizar las comparaciones pertinentes.
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Invitación
oficial de la NASA para presenciar el despegue del Transbordador
Atlantis |
Descripción de las condiciones a las que estuvo sometido el
módulo SEM06
• Largo período de aislamiento.
Desde que salieron de Esquel hasta
que se integraron al transbordador Atlantis las semillas y los aceites
estuvieron embalados un año, a temperatura
ambiente y en oscuridad. Esta dilación fue debido a que las
distintas Agencias Espaciales encargadas de poner
a punto el módulo de la Estación Espacial Internacional
que sería llevado por el Atlantis no cumplieron con los tiempos
planificados originalmente. Así, una condición
importante a la que fueron sometidos los experimentos fue este largo
período de aislamiento en condiciones terrestres.
• Aceleración de 4G.
Posteriormente, el Atlantis despega.
Durante los segundos del despegue, la aceleración de la nave
es muy intensa con el fin de poder elevarse con
suficiente energía de movimiento como para poder quedar en
órbita. El efecto que produce tal aceleración es
equivalente a que el peso de las cosas aumentara casi cuatro veces
(4G) por encima de lo normal (1G). Por esta razón, pueden
producirse efectos muy peligrosos en la estructura de los dispositivos
de la nave y de los experimentos que viajan en ella.
Otra condición extrema para las semillas y aceites fue entonces
el efecto de la aceleración durante el despegue sobre su estructura
interna.
• Gran variación de temperatura.
El transbordador Atlantis estuvo
diez días en órbita alrededor de la Tierra, a una distancia
promedio de 350 km, dando una vuelta al planeta
aproximadamente cada noventa minutos. Una vez acoplado a la Estación
Espacial Internacional, el Atlantis tuvo sus bodegas
abiertas durante poco más de nueve días y medio.
El módulo del SEM está
adosado a la pared interior del transbordador, por lo que mientras
la bodega está abierta el módulo está
sometido a la interacción con el espacio, entorno físico
muy hostil, aunque si se protegen los equipos y las personas en forma
debida, puede permanecerse en él un tiempo considerable sin
correr grave riesgo.
El medio espacial es hostil en
especial debido a la gran variación de temperatura entre el
lado diurno (cuando el Sol ilumina el transbordador)
y el lado nocturno (en la sombra del transbordador). En esta misión
la temperatura osciló entre los –37°C y los +27°C.
Esta variación sucedía como consecuencia de los movimientos
del transbordador y si el lugar de la bodega en que estaba
el módulo SEM era iluminada o no por el Sol. Cabe destacar
que fuera de la bodega la variación de temperatura es mucho
más amplia que ésta, ya que la propia estructura de
la nave protege a los elementos de su interior.
• Bombardeo de rayos cósmicos.
Si bien es cierto que en el espacio,
fuera de la atmósfera, se recibe una enorme cantidad de luz
ultravioleta y otras aún más energéticas,
lo que haría que cualquier ser vivo sin protección muriera
en poco tiempo, debido al blindaje no sólo de la nave sino
del propio módulo SEM, esta radiación (luz) no afectó
a los experimentos.
Sin embargo, y a pesar de su nombre,
los rayos cósmicos no son luz sino partículas, fundamentalmente
electrones, protones y aún núcleos
de átomos, que son expulsados por el Sol desde su interior,
formando lo que llamamos el “viento solar”; contribuyen
también las partículas que otras estrellas y supernovas
dispersan por todo el universo.
Las partículas que denominamos
rayos cósmicos viajan a enormes velocidades, en algunos casos
cercanas a las de la luz, por lo que en todos los
casos son de muy alta energía. Si esas partículas llegan
a los tejidos de un ser vivo, pueden producir mutaciones
genéticas o daños a nivel celular, que pueden derivan
en modificaciones en la información genética de las
células, en cáncer y en otras graves
enfermedades.
Sin embargo, llegan a la superficie
terrestre, en cada instante y desde siempre, una cantidad considerada
normal de rayos cósmicos; se la considera
normal debido a que la evolución de la vida en la Tierra fue
posible aún con este bombardeo de partículas
de alta energía.
Lo peligroso entonces radica cuando
a una persona, a un ser vivo en general o a un equipo electrónico
se los somete a un nivel de rayos cósmicos
excesivo respecto de lo que están preparados para soportar.
Quienes podrían recibir alta intensidad de rayos
cósmicos podrían ser, por ejemplo, un astronauta que
permaneciera en el espacio mucho tiempo fuera de la nave o durante
un período de actividad solar muy intenso, como así
también aquellas personas que en la Tierra fueran afectadas
por una explosión nuclear.
• Microgravedad.
La gravedad es una propiedad fundamental
de la materia y existe en todo el universo conocido. No existe lugar
en el universo en el que la gravedad deje de actuar,
ni por causas naturales ni por algún dispositivo producido
por el Hombre. La interacción gravitatoria
es una de las cuatro fuerzas fundamentales en la descripción
física del universo, siendo las restantes la fuerza nuclear
fuerte, la fuerza nuclear débil y la fuerza electromagnética,
aunque estas sí pueden no actuar en ciertos lugares.
El efecto que la gravedad del planeta
Tierra produce sobre los objetos situados cerca de ella es lo que
conocemos como el “peso” de las mismas.
En ciertas condiciones, el estado de movimiento de un cuerpo puede
ser tal que su peso aparente sea diferente al producido
por gravedad, como por ejemplo durante una caída libre, en
que el peso aparente de un objeto puede ser cercano
a cero, aunque no haya variado su peso gravitatorio.
Se denomina “microgravedad”
al estado de movimiento que produce que el peso aparente de un cuerpo
o sistema sea muy pequeño comparado con su
peso producido por la atracción gravitatoria de la Tierra.
Un nave espacial en órbita
terrestre puede ser considerada como un sistema en permanente caída
libre hacia la Tierra, por lo que ella y todo su
contenido estarán en microgravedad: su peso es prácticamente
el mismo que en la superficie del planeta (el valor
de la gravedad a 300 km de altura es sólo un 10% menor respecto
de su valor a nivel del mar), sin embargo su peso aparente
es prácticamente cero. En el entorno de microgravedad de la
Estación Espacial Internacional el peso aparente de un objeto
es aproximadamente una millonésima de su peso normal a nivel
del mar.
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En un entorno de microgravedad
los procesos de convección, capilaridad, sedimentación,
difusión, etc., varían de tal forma que a
veces es casi imposible poder comprender y predecir en forma precisa
el desarrollo de ciertos procesos considerados sencillos
en Tierra. Estas variaciones producen consecuencias trascendentales
en ciertas áreas científicas y tecnológicas actualmente
en desarrollo, como por ejemplo en Biotecnología (crecimiento
de cristales, cultivos de tejidos, etc.).
Descripción de las especies arbóreas enviadas
Fuente: Roberto Rodríguez, Oscar Matthei,
Max Quezada, 1983. Flora Arbórea de Chile, Editorial de la
Universidad de Concepción de Chile.
Coihue
Nombre científico: Nothofagus dombeyi
Árbol
siempre verde de gran porte que suele alcanzar los 35 m de altura
y hasta 1,5 m a 2 m de diámetro en el tronco. La corteza es
casi lisa a rugosa, grisácea. Las hojas son persistentes, de
forma aovada alargada, de 2 cm a 3 cm de largo y 1 cm a 1,5 cm de
ancho, con los bordes con dientes finos, y consistencia similar al
cuero; son color verde oscuro y lustrosas.
Posee flores masculinas y femeninas separadas, pequeñas,
en forma de cúpula color verde claro a amarronado. Los frutos
se llaman aquenios, y se presentan como semillas agrupadas de a tres
en una cúpula con cuatro valvas color marrón claro;
el aquenio del medio es plano y los de los costados triangulares.
La madera es de buena calidad, la parte cerca de
la corteza es blanco-grisácea, y la parte central blanco rosada.
Resiste muy bien el agua sin deteriorarse. Es fácil de trabajar.
Se usa para carpintería, muebles, pisos, durmientes, lanchas,
etc.
En Argentina crece entre los 38º 30' S y los
48º S, es decir entre Neuquén, Río Negro y Chubut.
Crece también en Chile. Forma en general bosques puros (sin
otros árboles), pero también se lo encuentra asociado
con el ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis) en
los faldeos secos. También se asocia con la lenga (Nothofagus
pumilio), con el roble pellín (Nothofagus obliqua) y con el
raulí (Nothofagus procera). Se lo encuentra entre los 700 m
a los 1200 m de altura, en suelos húmedos con ambiente húmedo;
muy comunes a la vera de los lagos, arroyos y cañadones.
Maitén
Nombre científico: Maytenus boaria
Árbol siempre verde, de tamaño variable
según el lugar donde crezca; en las zonas más secas
es un arbolito de 5 m a 8 m de altura y 20 cm a 30 cm de diámetro
en el tronco, mientras que en lugares más propicios alcanza
los 20 m de altura y 80 cm de diámetro del fuste. La copa es
mas o menos globosa y densa, con ramas que caen parecidas a un sauce
llorón. Corteza grisácea poco agrietada. Las hojas son
simples, con cabito corto, lanceoladas y afinadas en ambas puntas,
borde finamente aserrado, de 2 a 8 cm de largo y 5-20 mm de ancho,
consistencia como cuero y color verde claro.
Las flores son hermafroditas (tienen los dos sexos
en la misma flor) o unisexuadas, pequeñas, agrupadas en racimitos,
de color verdoso. El fruto es una cápsula coriácea aplanada
que encierra dos semillas de unos 5 mm de largo, cubiertas por una
estructura carnosa de color rojo llamado arilo.
Su madera es de buena calidad, no muy pesada, el
color es parejo cerca de la corteza y en la parte central, amarillento
rosado. Es fácil de trabajar y se usa mucho en carpintería
rural. Además las ramitas tiernas se usan para alimentar el
ganado cuando hay poco pasto disponible. Esta práctica hay
que hacerla con mesura ya que si lo dejamos con muy poco follaje el
árbol se debilita, enferma o muere. Las semillas son muy ricas
en aceite. La corteza y la cáscara del fruto se usan para teñir
color vicuña.
El maitén crece naturalmente en los bosques
andino patagónicos de Argentina y Chile, y también en
el sur de Brasil y Perú. En nuestro país se lo encuentra
desde Neuquén hasta Tierra del Fuego, y también en Mendoza,
San Luis y Córdoba.
Lenga
Nombre científico: Nothofagus dombeyi
Árbol monoico, de hasta 30 m de alto; copa piramidal. Tronco
recto, cilíndrico de hasta 1,5 m de diámetro; corteza
agrietada longitudinalmente, oscura, gris en los árboles jóvenes.
Ramas gruesas, ascendentes; ramitas cortamente pubescentes. Yemas
cortas, ovoides, de 0,5 cm de largo. Hojas caducas, simples, alternadas,
de 2 cm a 4 cm de largo y 1,4 cm a 3 cm de ancho; lámina elíptica,
roma, débilmente cordiforme en la base, a veces cuneada y alto
asimétrica; las venas terminan en el seno de cada dos dientes;
hojas jóvenes pilosas en los nervios, ciliadas en el margen,
las adultas pilosas sólo en los nervios; margen crenado o dentado
romo. Estípulas caducas.
Flor masculina solitaria, cortamente pedicelada;
perigonio infundibuliforme, velloso, 5-7 lobulado, de color ocre;
estambres numerosos. Flores femeninas solitarias, axilares en las
hojas, sésiles; cúpula 2-partida, del tamaño
del ovario, éste solitario; lamelas lineares, apéndices
lamelares ausentes. Fruto una nuez triquetra, de 1 cm de largo.
Árbol endémico de los bosques subantárticos.
Puede encontrarse en el límite altitudinal de la vegetación
arbórea, pero al sur crece en partes bajas, incluso al nivel
del mar.
La Lenga es una especie que tiene una gran amplitud
ecológica y su forma de distribución indica que requiere
de bajas temperaturas y un suelo generalmente de poca calidad. Vive
en lugares con abundante pluviosidad, en que el invierno es particularmente
riguroso, con aguanieve a lo largo de la estación fría
y a menudo afectado por intensos vientos helados de la zona austral.
En muchos sectores y en las partes altas de la cordillera
forma bosques puros llamados “lengales”, donde existe
un sotobosque limpio; puede estar mezclado con otras especies y asociado
bajo el dosel de araucarias.
Su madera es fácilmente trabajable, de buena
calidad, compacta elástica, moderadamente pesada; posee una
albura blanquecino-amarillenta y el duramen de color café-crema
posee un brillo suave natural. Se utiliza en toda clase de construcciones,
muebles, toneles, etc., siendo sin duda la principal especie forestal
de esas latitudes.
Distribución de los grupos de semillas
Se han distribuido las semillas a cuatro escuelas
de la región patagónica:
• Escuela Experimental
(EGB) de Esquel, a cargo de Inés Irigoyen, trabajando conjuntamente
con la Escuela Politécnica N°701 (Polimodal),
a cargo de Irene Irigoyen. LENGA.
• Escuela Hogar N°268
(Primaria) de El Bolsón, Río Negro, a cargo de Cristina
Terminiello. COIHUE.
• Escuela N°12 (EGB)
de Perito Moreno, Santa Cruz, a cargo de Sandra Gómez. LENGA.
• Escuela N°726 (Polimodal)
de El Maitén, Chubut, a cargo de Mabel Lara. MAITÉN.
Un grupo de cada especie quedó en la Universidad
Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco”, Sede Esquel,
a cargo de los profesionales del Departamento de Ingeniería
Forestal.
Consideración general del trabajo
y proyección a futuro
El objetivo fundamental por el cual se enviaron las
semillas y los aceites en el módulo SEM06, a bordo del transbordador
Atlantis, fue darnos la posibilidad de estudiar qué efectos
pudo haber tenido sobre esos compuestos orgánicos su estancia
en el espacio durante casi diez días.
Así, los grupos de alumnos que estudien en
forma comparativa la germinación, crecimiento y morfología
de las semillas y plantas que de ellas crezcan estarán analizando
de alguna manera los efectos citados.
Estas experiencias, sencillas pero muy interesantes,
nos permitirán proyectarnos a futuro y pensar en que dentro
de pocos años, seguramente cuando los chicos que están
estudiando las semillas sean jóvenes adultos, la vida en la
Estación Espacial Internacional, y la investigación
espacial en su conjunto, incluido el viaje a Marte, serán algo
cotidiano. Parte de la educación que los adultos de hoy, y
en especial quienes somos docentes, debemos brindar a nuestros alumnos
es darles los elementos para que puedan comenzar a comprender desde
ahora mismo qué tipo de futuro les espera, en el que ellos
serán quienes deban modificar o construir nuevas alternativas
para la vida en sociedad.
Las escuelas que se han hecho cargo de estas experiencias
tomarán el compromiso de, cuando se llegue al estadio de transplantar
a tierra los plantines, definir un sector de su predio u otro que
consideren conveniente, en el que plantarán los plantines cuidando
de ese “bosquecillo espacial”. Este conjunto de plantas
cuyas semillas originarias estuvieron en el espacio durante la construcción
de la Estación Espacial Internacional, servirán como
un elemento motivador de muchas experiencias educativas, en especial
de aquellas relacionadas con la investigación científica
propia del espacio. Asimismo, servirán de símbolo, ya
que mientras estos árboles crecen, así también
lo hace la Estación y nuestra posibilidad de vida en el espacio
exterior.
Es deseable que sean los docentes de la escuela,
no sólo quienes se hicieron cargo de la experiencia, los que
produzcan otro tipo de trabajos educativos y momentos de análisis
crítico sobre la investigación espacial y la tecnología.
En especial, considerando la carga social y ética que ese tipo
de desarrollos tiene, pensando particularmente en cuánto nos
afecta, nos favorece o nos permite crecer genuinamente a quienes vivimos
en un país como Argentina y en una región como la Patagonia.
Protocolo de trabajo científico a realizar con las
semillas
Cada grupo tendrá como mínimo una especie,
con el lote de semillas que fueron al espacio y las testigo. Ambos
lotes se tratarán de igual modo, siguiendo la instrucciones
que se detallan más abajo.
Cantidad de semillas
Aproximadamente 150 por tratamiento (las que viajaron
y las que no), por especie.
PRECAUCION: mantener siempre separadas
e identificadas las semillas que viajaron y las que no. NO SE NOS
DEBEN CONFUNDIR!!!
Tratamientos pre-siembra
Lavar las semillas con agua corriente por una noche
para remover inhibidores de la germinación y patógenos.
Las semillas de maitén hay que dejarlas entre 2 a 5 días
en remojo, cambiando el agua cada día, y al quinto frotarlas
en papel tisú para quitarles la cubierta cerácea rojiza
que las cubre (inhibe la germinación). Colar las semillas,
escurrirlas y depositarlas (húmedas) en frascos sin tapa en
la heladera a 4 grados por 30 días a 45 días para romper
la dormición.
Siembra
Preparar
cajoncitos de madera, como los de dulce de membrillo, u otro pero
siempre que tenga orificios en la base para el drenaje de agua; es
conveniente que tengan 10 a 15 cm. de profundidad así no hay
que transplantar las plantitas tan jóvenes. Como sustrato usar
tierra negra con arena volcánica, en relación 70:30.
Hay que sembrar la misma cantidad de semillas de los dos tratamientos.
Para esto hace falta contarlas o bien pesarlas en una balanza precisa.
Una vez llenos los cajones, hacer surcos con el dedo de 1 a 1,5 cm
de profundidad, separados 4 a 5 cm uno de otro. Separar montoncitos
iguales de semilla de acuerdo a la cantidad de surcos que entran en
el almácigo; distribuir manualmente las semillas en los surcos
de manera que no queden espacios vacíos, pero sin amontonar
muchas en el mismo lugar. Al terminar, taparlas con los dedos usando
la tierra que quedó levantada a los costados del surco.
Meter los cajones en bolsas de nylon transparente
y cerrarlas con un nudo, a fin de que no pierdan humedad. Es importante
para la germinación que la superficie del almácigo esté
siempre húmeda. Cuando se seque la superficie, regar con un
pulverizador: la tierra debe estar húmeda pero no empapada
(con las bolsas de nylon van a necesitar poco riego; si la bolsa está
transpirada no agregar más agua). Colocar los cajones en un
lugar templado, sin luz directa para evitar la desecación.
Cuando las plántulas germinen, abrir el nylon
y poner los cajones en un lugar iluminado pero sin luz directa, cerca
de una ventana.
Transplante
Cuando
las plantas alcancen 8 a 10 cm de altura (después de uno o
dos meses de acuerdo a la temperatura), hay que efectuar el transplante
(no tendrán en el almácigo lugar suficiente para seguir
desarrollándose. Se procederá a extraer las plantas
del almácigo y se las colocará cada una en un envase,
que puede ser macetas plásticas (las negras que usan en los
viveros) o cajas tetra brick de 1 litro. Llenarlas con tierra negra,
humedecerla y hacer un hoyo en el centro. Extraer con mucho cuidado
las plantas del almácigo a fin de no dañar las raíces.
Colocar una en cada maceta, cuidando que el hoyo sea lo suficientemente
profundo como para que las raíces no se doblen; si las raíces
fueran demasiado largas, podarlas con un cuchillo hasta que el largo
de la raíz sea igual al de la parte aérea de la planta.
Antes de compactar la tierra alrededor de la plantita, dar un tironcito
hacia arriba. Ubicarlas en un lugar soleado, siempre sin luz directa.
Las plantas de lenga y el coihue se dejan crecer dos años en
maceta hasta transplantarlos a la tierra; el maitén necesita
de 2 a 3 años para tener tamaño suficiente para ser
transplantado. Para plantarles en tierra habrá que escoger
un sitio protegido por otras plantas, mejor si son arbustos que árboles
grandes, pues estos últimos darán mucha sombra. Si hay
sospechas que anden liebres, ponerles una protección alrededor
a cada plantita (una chapa con agujeros, llamada chapa corona, o alambre
de gallinero con una varilla que lo sostenga; la chapa o el alambre
debe rodear a la plantita como un tubo, sin apretarla).
Datos a registrar
• Fecha cuando se pusieron
las semillas en frío en la heladera.
• Fecha de siembra
• Cantidad de semillas
sembradas
• Fecha de inicio de
la germinación
Mantener siempre rotulados los lotes de semilla por
especie y tratamiento (testigo y enviadas al espacio).
Cada una semana evaluar y registrar el número
de plantas que germinan en cada tratamiento. Posteriormente registrar
la altura de cada planta en cada tratamiento y realizar una descripción
de sus características generales..
Describir cualquier anormalidad en el crecimiento,
morfología u otra particularidad.
Conclusiones
Luego de realizados los tratamientos previstos con
los distintos grupos de semillas (espaciales y terrestres), en las
cuatro escuelas y en la universidad, es muy lamentable reportar que
las semillas enviadas al espacio no germinaron, interrumpiendo así
un proceso en el que habíamos puesto gran expectativa, no sólo
los docentes sino principalmente los chicos de las distintas ciudades
involucradas en esta experiencia.
La causa principal a la que asignamos la mortandad
de las semillas es el largo período de aislamiento (más
de un año) debido al retraso en el inicio de la misión
STS-101. Cabe destacar que las especies patagónicas tienen,
naturalmente, un bajo porcentaje de viabilidad, que, según
la especie, puede ser del orden del 15%. Nuestro interés, al
ser invitados a participar en el SEM 06, era enviar semillas patagónicas,
no exóticas (tomate, pino, etc.), y bien quisimos correr el
riesgo de aquella baja viabilidad con el fin último de lograr
un resultado significativo para nuestra región.
Muchas veces, y en la ciencia y en la educación
es casi una regla, se aprende más y mejor de los errores o
de experiencias fallidas que de aquellas situaciones “perfectas”.
A pesar de que hoy no tenemos plantines de Lenga, Cohiue o Maitén
creciendo en nuestras escuelas, los chicos y los docentes que participaron
de la experiencia han aprendido con mucha profundidad conceptos importantes
para su futuro: cuidado del ecosistema patagónico, biodiversidad,
tecnología espacial, física del espacio, etc. Saben
además que el espacio es un entorno ya posible, real para el
futuro de la Humanidad, en el que quizás ellos mismos puedan
llegar algún día a viajar a la Estación Espacial
Internacional, a estudiar temas relacionados con el espacio, o vivir
dedicados a lo que elijan sin que la investigación espacial
les resulte algo extraño.
Sin dudas, esto hace que de todos modos nuestros
objetivos educativos al participar en el SEM 06 hayan sido cumplidos
en forma satisfactoria, aunque de manera diferente a la originalmente
prevista.